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miércoles, 3 de diciembre de 2014

MINISTRO ¿DE SANIDAD?



(Comentario difundido en el programa <Voces de Galicia>, que dirige Isidoro Valerio en Radio Voz, el  3 de diciembre del 2014)

¿Te ha sorprendido el nombre del nuevo ministro de Sanidad? ¿Sí? Seguro que no tanto como a mi. Cuando empezaron a barajarse nombres, cedí, no sé por qué, a la tentación de pensar qué haría si fuese presidente del Gobierno. Y ya hace falta imaginación para eso.

Empecé a ponerme en situación. Veamos. Hay que buscar sustituto para una ministra duramente criticada por la forma de gestionar varios problemas sanitarios, el último de ellos el fiasco que se montó al afrontar el contagio de ébola por parte de Teresa Romero. El relevo se produce en plena crisis de los grandes partidos y del PP en particular, de enorme desconfianza hacia los políticos y de eclosión de un nuevo partido que los identifica a todos como la casta. Además, faltan pocos meses para unas elecciones.

Ante ese panorama, estaba convencido de que el presidente del Gobierno buscaría un perfil profesional potente, de alguien al que no se le pueda discutir conocimiento de los problemas sanitarios; un nombre nuevo y que aportase frescura, poco contaminado del descrédito que arrastran los partidos y, por lo tanto, que simbolizase nuevos aires de cara a la próxima cita con las urnas.

Como ves, no di ni una. Por algo no soy ni tengo la más mínima posibilidad de ser nunca presidente del Gobierno.

Lo que había que hacer, ya lo ves, era exactamente lo contrario. Buscar a una persona curtida en las batallas parlamentarias contra la oposición, acostumbrado y claramente dispuesto a defender las posiciones del partido, y muy próximo a la todopoderosa vicepresidenta. Ah! Y con experiencia como diputado y alcalde de Vitoria.

¿Que el error pudo estar en que no se trataba de pensar quien sería mejor ministro o ministra de Sanidad, sino quién dentro del partido había hecho más méritos para cubrir un hueco en el Gobierno? No seas mal pensado.

¿Y la sanidad? La salud, bien, gracias. Buenos días.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

DIMIITIR PORQUE TE RECHAZA EL JEFE

(Comentario difundido en el programa <Voces de Galicia>, que dirige Isidoro Valerio en Radio Voz, el  24 de septiembre del 2014)

Una dimisión sigue siendo noticia en España, porque son muy pocos los políticos que dimiten, aunque el rechazo a su gestión sea notorio y su popularidad esté por los suelos. La dimisión da a su protagonista una aureola de dignidad y coherencia: detecta rechazo y se va.
Eso es lo que le ha pasado a Ruiz Gallardón, ese brillante fiscal que aprobó las oposiciones en el 82 y al año siguiente ya había dejado su profesión para iniciar como concejal de Madrid una carrera política que continuó hasta ayer, con escalones tan importantes como la presidencia de la Comunidad de Madrid, la alcaldía de la capital de España y el Ministerio de Justicia.
Sin embargo, hay matices en esa dimisión, porque no era la primera vez que tenía que enfrentarse al rechazo. Por ejemplo, el fracaso de la candidatura olímpica de Madrid fue un ostentoso portazo al proyecto en el que había puesto tanto empeño como alcalde. Y no dimitió. Tampoco lo hizo cuando convirtió al Ayuntamiento de Madrid en el más endeudado de España.
Ni consideró motivo para dimitir las críticas que la ley de tasas que impulsó desde el ministerio despertaron en todos los estamentos de la judicatura y la abogacía. No era suficiente motivo el encarecer de forma muy notable el acceso a la justicia.
Sin embargo, se ha sentido rechazado en relación con su proyecto de ley del aborto. Pero tampoco han sido la oposición frontal de numerosas organizaciones defensoras de los derechos de la mujer ni las críticas de los demás partidos. No. La dimisión se produce cuando el presidente del Gobierno, es decir, su jefe, lo desautoriza y mete en un cajón el anteproyecto con el que Ruiz Gallardón había respondido con todo su entusiasmo al encargo que le hizo.
Hay dimisiones y dimisiones. El líder de los independentistas escoceses dimite cuando los ciudadanos rechazan su proyecto. Ruiz Gallardón lo hace cuando quien rechaza su proyecto es su jefe.

Parece que, sobre todo en algunos sectores, aun falta práctica en esto de dimitir.