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miércoles, 30 de septiembre de 2015

EL ÚLTIMO GRAN ÉXITO DE ARTUR MAS

Comentario difundido en el programa <Voces de Galicia>, que dirige Isidoro Valerio en Radio Voz, el 30 de septiembre del 2015)

Lo de Artur Mas sí que es ir de victoria en victoria hasta la derrota final. Ha hecho gala a lo largo de los últimos años de ser el más demócrata, el que más saca las urnas a la calle. Ha hecho votar a sus ciudadanos varias veces, cada vez con peor resultado, y ha provocado una profunda división en la sociedad catalana en su deriva hacia el independentismo. ¿Todo para qué? Para estrellarse al final.

En el 2010 Convergencia i Unió tenía 62 diputados, a solo cuatro de la mayoría absoluta. Para lograr una mayoría nacionalista precisaba los 10 votos de Esquerra Republicana. Pero no le bastaba. Quería una mayoría absoluta propia, sin depender de otros. Convocó elecciones y le salió al revés de lo que pensaba. De 62 escaños bajó a 50, mientras Esquerra subía de 10 a 21. Es decir, les regaló el voto de un buen puñado de ciudadanos que, puestos a optar por independencia, preferían el original a la copia.

Pero Artur Mas no cejó en su empeño de convertirse en el líder que condujese a su pueblo hacia la ansiada independencia. No dudó en romper la coalición con Unió, con quien Convergencia Democrática de Cataluña llevaba décadas de fructífero matrimonio. Consiguió formar una lista unitaria con Esquerra y volvió a convocar elecciones. Eso sí, escondido en el número 4 para no rendir cuentas de su gestión y evitar las salpicaduras de la corrupción.

Otro fiasco. De los 71 escaños que sumaban los dos grandes partidos nacionalistas en 2012 bajaron a 62. De tener una mayoría absoluta holgada a depender de una fuerza antisistema como la CUP, que saltó a diez escaños.

A Mas aun le salían las cuentas para seguir en su empeño. Tuvo que ser la CUP quien le recordarse que el independentismo no logró el pasado domingo el 50% de los votos, con lo que no había legitimidad para seguir por esa vía. Y, de paso, exigieron un candidato a la presidencia de la Generalitat limpio de salpicaduras de corrupción.

En solo tres años, pasó de los 62 escaños de CiU a poco más de 30 si se cuentan los diputados que el domingo obtuvo Convergencia. De poder gobernar solo a depender, primero de Esquera y ahora de la CUP.

Dividió y hundió a su partido. Impulsó a sus principales rivales. Dividió a la sociedad catalana. Y logró que aquellos a los que, sin quererlo, hizo grandes, le espetasen en la cara su rechazo. Digno colofón a la carrera plagada de éxitos del heredero de Jordi Pujol.



miércoles, 23 de septiembre de 2015

DA IGUAL

Comentario difundido en el programa <Voces de Galicia>, que dirige Isidoro Valerio en Radio Voz, el 23 de septiembre del 2015)

Parece que a algunos en Cataluña les da igual lo que ocurra a su alrededor, si no concuerda con sus pretensiones.

Da igual si la opción independentista no logra el domingo el respaldo de la mayoría de los catalanes, ni tan siquiera de la mayoría de los que acudan a votar. Será suficiente, dicen, con lograr la mayoría de escaños en el Parlament. Cuando a Artur Mas le preguntaron si estaba dispuesto a iniciar el camino de la independencia en contra de la opinión de la mayoría de los catalanes, replicó que lo mismo podría decirse de no iniciarlo en contra de la opinión de la mayoría de los diputados. Parece que da igual lo que piensen los ciudadanos si la ley D¨Hont les da la mayoría de sillas en la cámara.

Parece que da igual que el Estatuto de Cataluña requiera mayoría absoluta del Parlamento para su modificación. El proceso de independencia se podría iniciar con mayoría simple.

Parece que dan igual las advertencias de Merkel o Cameron y del presidente de la Unión Europea de que Cataluña quedaría fuera de la Unión si se independiza. Artur Mas argumenta si le han preguntado a Merkel o a Cameron qué artículo de la UE permite expulsar a siete millones y medio de ciudadanos. Obvia que en esa hipótesis no habría expulsión alguna, sino un abandono voluntario, al separarse del Estado que firmó el Tratado de Adhesión.

Parece que dan igual las advertencias de bancos y empresas sobre su posible marcha de Cataluña. Les acusan de plegarse a las presiones del Gobierno. Debe de ser que olvidan sus cuentas de resultados.

Da igual la catarata de pronunciamientos sobre las consecuencias de una declaración unilateral de independencia. Las consecuencias económicas, el aislamiento internacional, todo se solventará con el entusiasmo de quienes quieren construir un nuevo Estado, aunque sea en solitario.

Da la impresión de que algunos están jugando con enorme frivolidad con los legítimos sentimientos de una parte importante de los catalanes. Lo peor es la profunda división creada entre la ciudadanía y el tiempo que va a tardar en cerrarse esa brecha.