Cada uno insiste en que su alternativa es la mejor para solucionar lo problemas de los ciudadanos. Pero hablan más de los cargos que de las cargas que pesan sobre los hombros de la gente.
Rajoy sigue proclamándose abierto a un pacto y se queja de que Sánchez lo rechaza. Y cuando insiste en las bondades de su propuesta, lo hace para asegurar que podría aportar estabilidad no solo al Gobierno central, sino también a los del PSOE en comunidades y ayuntamientos. Es decir, para evitar que se produjese el desastre que vaticina ocurriría con la entrada de Podemos en los ministerios, el PP apuntalaría los pactos autonómicos y municipales en los que participa esa amenaza para la democracia que lidera Pablo Iglesias.
Podemos presenta una completa batería de propuestas para lograr el pacto con el PSOE. Pero deja claro que de todo eso no habrá nada si no tiene la vicepresidencia y varios ministerios. Quiere un pacto con los socialistas, pero deja claro que no se fía. Difícil acuerdo ese.
Y la otra gran discusión de estos días se produce porque Pablo Iglesias y los diputados de Podemos son enviados al gallinero del hemiciclo. Protesta justificada porque la ubicación de los escaños no es la que corresponde al tercer grupo más numeroso de la cámara.
Pero, una vez más, la discusión mayor se produce sobre los cargos y no sobre las cargas.
Decepcionante.
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jueves, 28 de enero de 2016
miércoles, 8 de abril de 2015
EL EXTRAÑO CASO DE TONI CANTÓ
(Comentario difundido en el programa <Voces de Galicia>, que dirige Isidoro Valerio en Radio Voz, el 8 de abril del 2015)
Hay políticos raros. Y uno de ellos es Toni Cantó. Como es sabido, ha renunciado a su escaño en el Congreso y a ser candidato de Unión Progreso y Democracia a la presidencia de la Comunidad Valenciana. Y todo porque no está de acuerdo con la dirección del partido, en concreto con la resistencia de Rosa Díez a negociar con Ciudadanos.
Hay políticos raros. Y uno de ellos es Toni Cantó. Como es sabido, ha renunciado a su escaño en el Congreso y a ser candidato de Unión Progreso y Democracia a la presidencia de la Comunidad Valenciana. Y todo porque no está de acuerdo con la dirección del partido, en concreto con la resistencia de Rosa Díez a negociar con Ciudadanos.
Constató que a Rosa Díez la
apoyó de forma mayoritaria la actual dirección, pese al batacazo sufrido en
Andalucía y que su postura crítica se quedó en minoría. Y no montó un escándalo,
ni acusó a su jefa política de cosas extrañas, sino solo de equivocarse en la
línea marcada para el partido. No se fue con su escaño al grupo mixto, para
seguir cobrando cada mes y poder montarse su futuro desde la condición de
diputado.
Ni hablar. Tampoco se dio de baja como militante, al menos hasta el congreso
extraordinario convocado para junio. A ver si entonces cambia la correlación de
fuerzas dentro de UPyD.
Y dice que empezará a buscar
trabajo de nuevo como actor, la profesión de la que vivió hasta que entró en
política y en la que consiguió una popularidad que le sirvió de trampolín para
convertirse en la cara más conocida del partido de Rosa Díez, casi al nivel de
su lideresa.
Este actor reconvertido a político, que en más de una ocasión fue
acusado de superficialidad por algunas manifestaciones, verbales o en Twitter, precipitadas e inoportunas, ha tenido en esta ocasión una
conducta impecable, más destacable por lo poco frecuente. A pesar del alto
coste personal que sin duda supone la doble renuncia.
Un político raro este
Toni Cantó. Qué bien nos vendría que gestos como el suyo fuesen la norma y no la
excepción.
miércoles, 10 de diciembre de 2014
DÍA CONTRA LA CORRUPCIÓN PERDIDO
(Comentario difundido en el programa <Voces de Galicia>, que dirige Isidoro Valerio en Radio Voz, el 10 de diciembre del 2014)
Tengo que confesar que desde anoche tengo la sensación de que ando con un día de retraso. En concreto, de que el de ayer fue un día perdido. ¿Sabes por qué? Porque no me había enterado de qué día era ayer. Sí, nueve de diciembre, martes, el primero laborable después del puentecito que este año fue el de la Constitución. Pero, sobre todo, ayer fue el Día Internacional contra la Corrupción.
¿Tú
lo sabías? Yo no es que no lo supiera, es que no tenía la más remota idea. Y
mira que fue ya en el 2003 cuando Naciones Unidas decidió instituirlo como
forma de concienciar a la población sobre esta lacra.
Mi
sorpresa, cuando me enteré, fue doble. Primero, claro, por no saberlo. Y
segundo, porque parece que nadie quiso acordarse públicamente de celebrarlo. No
hubo discursos, ni pleno del Congreso o de los parlamentos autonómicos, ni de
las diputaciones. Ni recepción con copa, besamanos y corrillos posteriores para
chismorrear noticias jugosas. Y eso que, según la más reciente encuesta del
CIS, es uno de los temas que más nos preocupan y de que la preocupación se ha
disparado en los últimos meses.
¿Nadie
quiso acordarse? Bueno, casi nadie. El juez Baltasar Garzón lo recordó en un
artículo que publicó ayer el diario El País, titulado <Impunes y
corruptos>. Dice Garzón que <en
España la lucha contra la corrupción, o no ha existido o ha sido siempre
artesanal, antes y ahora. Desde la política y las instituciones locales,
provinciales, autonómicas y nacionales no se palpa una voluntad diferente a la
de la trampa y salir del paso, sin análisis ni propuestas, o con tantas que
solo valen para justificar conciencias y parar imputaciones de inactividad.
Falta un verdadero interés en profundizar en las causas de la corrupción que se
ha llegado a aceptar como un hecho normal>.
Creo que, lamentablemente, tiene toda la razón.
Y que aun nos falta mucho para arrancar de raíz la corrupción. Aun nos falta
mucho para que el corrupto se sienta solo y aislado y no un tipo listo y casi
admirado, aunque nos esté robando la cartera a todos.
Además, como a muchos les pase lo mismo que a
mí, que no se enteraron de qué día era ayer, el tiempo, o al menos el
calendario, se detendrá. Porque quien no haya vivido ayer como se debe el Día
Internacional contra la Corrupción, no podrá llegar con dignidad al día de hoy.
Porque hoy, eso sí lo sabemos todos, es el Día Internacional de los Derechos
Humanos. Unos derechos que la corrupción socava y pisotea.
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